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El día 24 de
octubre celebramos la fiesta de uno de los predicadores más famosos del siglo
XIX. Nació en Sallent, España, en 1807.En el
bautismo le pusieron por nombre Antonio, pero después el se añadió el nombre
de María, diciendo: "Es que María Santísima es mi Madre, mi Maestra y mi
todo, después de Jesús".De joven
trabajó en el telar que tenía su padre y llegó a ser un técnico en esa
industria, por lo cual su familia esperaba que sería después un gran industrial.Pero en un sermón oyó hablar de la eternidad,
y esto le impresionó profundamente. Por la noche se despertaba repitiendo las
palabras que había escuchado al predicador: "Siempre, siempre, siempre.
Siempre feliz si me porto bien y me salvo. Siempre desdichado, si me dedico a
pecar y me condeno". Además el predicador había aconsejado repetirse de
vez en cuando la pregunta que se hacían los santos: "¿De qué me sirve
esto para la eternidad?". Estos pensamientos lo movieron a dejar los
negocios materiales y a dedicarse seriamente a conseguir su propia salvación
y la de los demás.Al principio se propuso irse de
monje cartujo, pero un director espiritual que conocía su inmensa capacidad
de trabajo y su fogoso activismo le dijo que esa no era su vocación. Después
se fue a Roma a pedir ser enviado como misionero a lejanas tierras, pero allá
lo convencieron de que debía más bien ser misionero en su propia patria.
Luego dispuso hacerse jesuita y entró al noviciado de esa comunidad pero un
fortísimo dolor en una pierna lo obligó a irse de allí y volver a España. Más
tarde el Superior general de los jesuitas le escribirá: "Dios lo trajo a
nuestra comunidad, pero no para que se quedara en ella, sino para que
aprendiera a ganar almas para el cielo".En su juventud siente dos
intervenciones de la Santísima Virgen que lo mueven a amarla mucho más y a
propagar por todas partes su devoción. La primera fue en una ocasión en la
que le llegaron terribilísimas tentaciones contra la pureza. Cuando el
peligro de consentir era mayor, vio en sueños que Nuestra Señora le ofrecía
una corona de triunfador y le decía: "Esta corona será par ti si
rechazas la tentación". Con esto se sintió lleno de valor y logró salir
victorioso de aquel peligro. En adelante la Sma.
Virgen le concedió una pureza admirable, durante toda su vida.La
segunda intervención de la Virgen en su favor sucedió en el mar, cuando
estando él dándose un baño llegó una inmensa ola y lo arrastró hacia el
océano profundo. Él, viéndose perdido, rezó con toda la fe a la madre de
Dios, y sin saber cómo, se halló otra vez en la orilla, sano y salvo. Toda la
vida recordó estos hechos admirables y no se cansaba nunca de recomendar a
sus oyentes la devoción a la Madre Celestial.Ingresó
al seminario de Vich (España) y allí recibió la ordenación sacerdotal. Fue
luego nombrado como vicepárroco y pronto empezó el
pueblo a conocer cuál era la cualidad principal que Dios le había dado: era
un predicador impresionante, de una eficacia arrolladora. De todas partes lo
llamaban a predicar misiones populares. Predicaba hasta diez sermones en un
día. Viajaba siempre a pie y sin dinero.Como
equipaje solamente llevaba su libro de oraciones, una muda de ropa para
cambiarse y un paquete de medallas y estampas para regalar a las gentes.Cuando terminaba de predicar la misión en un
pueblo, se iba en procesión, cantando y rezando con toda la gente de ese
pueblo, hasta el límite con el pueblo siguiente donde lo estaban esperando
los habitantes de allá para empezar su predicación entre ellos.La
gente al verlo pasar decía: "Allá va el santo, ahí viene el santo".En
el confesionario era extraordinariamente amable y sumamente comprensivo con
los pecadores, pero en la predicación hablaba fuerte contra los vicios y las
malas costumbres. Durante 15 años predicó incansablemente por el norte de
España, y difícilmente otro predicador del siglo pasado logró obtener
triunfos tan grandes como los del padre Claret al
predicar. Las conversiones se obraban por montones. Cuando predicaba tenía
que conseguir un buen número de sacerdotes para confesar a los pecadores que
se convertían al escucharlo. En su vida predicó más de 10,000 sermones.Lo que hizo San Juan Bosco
en Italia en ese tiempo a favor de las buenas lecturas, lo hizo San Antonio Claret en España. Él se dio cuenta de que una buena
lectura puede hacer mayor bien que un sermón y se propuso emplear todo el
dinero que conseguía en difundir buenos libros. Mandaba imprimir y regalaba
hojas religiosas, por centenares de miles. Ayudó a fundar la Librería
religiosa de Barcelona y fue el que más difundió los libros de esa librería.
Él mismo redactó más de 200 libros y folletos sencillos para el pueblo, que
tuvieron centenares de ediciones. Los regalaba donde quiera que llegaba. No
cobraba nada por las misiones que predicaba, pero en todas partes reglaba
medallas, rosarios, hojas y libros religiosos. Vivía en la más absoluta
pobreza, pero regalaba libros como si fuera un millonario. Dios le ayudaba.La ciudad de La Habana llevaba 14 años sin
arzobispo porque eran tiempos de persecuciones contra la Iglesia Católica. Al
fin a la reina de España le pareció que el sacerdote mejor preparado para ese
cargo era el Padre Claret. Le escribió la reina al
Sumo Pontífice y este lo nombró como Arzobispo de La Habana. El se negaba a
aceptar el cargo porque le parecía que no era digno, pero sus amigos
sacerdotes le dijeron que en conciencia tenía que aceptarlo porque esa era la
voluntad de Dios.Y desde 1489 por siete años fue un
maravilloso arzobispo en Cuba. Visitó dos veces todas las numerosas
parroquias predicando misiones en cada una. Allí el pueblo no leía casi, pero
él los adoctrinaba por medio de la devoción a la Virgen Santísima y con sus
sencillas clases de catecismo donde quiera que llegaba.
El pueblo lo quería y estimaba.En Cuba administró
el sacramento de la confirmación a 300,000 cristianos y arregló 30,000
matrimonios. Logró formar con los sacerdotes una verdadera familia de
hermanos donde todos se sentían bien atendidos y estimados en la casa del
Arzobispo. Todo lo llevaba a las buenas, sin amarguras ni asperezas, con gran
amabilidad.Pero aunque era el más bondadoso de los
obispos (del cual dijo el Papa de ese tiempo, Pío Nono:
"Monseñor Claret es un verdadero modelo de
obispo"), sin embargo la masonería le juró la guerra y pagó a sicarios
para que lo mataran. Varias veces nuestro santo se libró como por milagro de
peligrosos atentados. Pero un día al salir de predicar un sermón, un sicario
lo esperó en la calle y con una navaja de afeitar le hizo una herida en el
cuello. Providencialmente el obispo llevaba un pañuelo tapándose la boca para
evitar el aire frío y con este logró que no lo degollaran. Quedó gravemente
herido y sin voz. La herida cicatrizó pero la voz no lograba recuperarla.
Entonces le pidió con toda la fe a la Sma. Virgen
que le devolviera su voz y logró tan gran favor.En
1857 fue llamado a España como capellán de la reina Isabel. Aprovechó este
alto cargo para conseguir que fueran elegidos obispos los sacerdotes más
santos. Vivía en el palacio real pero dormía fuera y seguía siendo tan
estricto y fervoroso como cuando era un sencillo misionero.En
1849 al darse cuenta de que para mantener viva la fe del pueblo se necesitan
sacerdotes entusiastas que vayan por campos y ciudades predicando y
propagando buenas lecturas, se reunió con cinco compañeros y fundó la
Comunidad de Misioneros del Corazón de María, que hoy se llaman Claretianos.
Actualmente son 3,000 en 385 casas en el mundo. Fundó también las Hermanas
Claretianas que son 650 en 69 casas. Estas comunidades han hecho inmenso bien
con su apostolado en muchos países.San Antonio Claret le pidió a Dios un favor muy especial: que la
sagrada Hostia que recibía cada día se conservara intacta en su cuerpo hasta
la próxima comunión. Y lo obtuvo. Quería tener más presencialmente a Cristo
en su corazón.En 1869 una revolución desterró a la
reina y por lo tanto quedó también desterrado su capellán, Monseñor Claret. Él aprovechó este destierro para asistir al
Concilio Vaticano en Roma en 1870 (un concilio es la reunión de obispos de
todo el mundo, con el Sumo Pontífice). En el Concilio pronunció un gran
discurso que fue muy aplaudido y muy bien comentado y elogiado.En
Francia fue recibido por los monjes cistercienses del monasterio de Fuente
Fría, y allí, después de haber escrito por orden del superior de su
comunidad, su autobiografía (que es interesantísima) empezó a sentirse
enfermo y después de dos meses de enfermedad expiró el 24 de octubre de 1879.
Tenía apenas 63 años pero estaba desgastado de tanto predicar, escribir,
viajar y sufrir por la salvación de las almas.Después
de muerto ha hecho muchos milagros y por medio de sus religiosos, de sus
escritos y de sus buenos ejemplos sigue haciendo inmenso bien.Queridísimo
San Antonio María Claret: pídele al Espíritu Santo
que nos vuelva tan entusiastas como tu, por extender el Reinado de nuestro
Dios.
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