Hasta ahora se ha considerado como la mejor definición del Rosario, la que dio el Sumo
Pontífice San Pío V en su "Bula" de 1569. Dice así:
"El Rosario o salterio de la Sma. Virgen, es un modo piadosísimo de oración, al
alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María;
interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando
mientras tanto en la Vida de Nuestro Señor". El Rosario consta de 15 Padrenuestros y
150 Avemarías, en recuerdo de los 150 Salmos.
Historia del Rosario:
(Según el diccionario de Mariología, 1986).
El "Dios te salve María" ya se encontraba en el Misal Romano desde el año
650, como oración o antífona en la Misa del Cuarto Domingo de Adviento.
Desde el año 1100 al 1200 ya el rezo del "Dios te salve María" es muy
frecuente en varios países y muchas personas que no pueden rezar los 150 salmos (o sea,
el Salterio) tratan de reemplazarlos diciendo 150 veces esta oración mariana.
Ya en el año 1483 se ha extendido por muchos países la costumbre de añadir el
"Santa María Madre de Dios", al "Dios te Salve María". Pero todavía
no era costumbre general en ese tiempo rezar el Avemaría completa.
En el año 1569 el Papa Pío V prescribe y recomienda a todo el mundo el Rosario tal
cual como se reza hoy: con sus Padrenuestros, Avemarías y Gloria.
Aunque Santo Domingo no es el inventor del Rosario, y aunque en tiempo de este santo
todavía no se rezaba el Rosario completo como se reza ahora, lo cierto es que él y sus
misioneros recomendaron mucho a las personas el repetirle frecuentemente a la Sma. Virgen
el "Dios te salve María", y el pensar en los Misterios de la Vida, Pasión y
Resurrección de Nuestro Señor.
En el año 1569, el Papa Pío V con una carta o Encíclica dirigida a todos los
cristianos del mundo recomienda rezar el Rosario de la manera como se reza ahora. Con esto
quedaba consagrada esta devoción como algo muy propio de los buenos católicos.
Desde que el Papa Pío V recomienda a todo el mundo el rezo del Santo Rosario,
recordando que con esta oración se han obtenido grandes triunfos en la guerra contra los
infieles, y que esta devoción ha demostrado tener gran eficacia para detener las
herejías y conseguir conversiones, y que toda persona fervorosa lo debe rezar
frecuentemente, la costumbre de rezar el Rosario se vuelve popularísima en todas las
naciones y su popularidad va aumentando año por año. Diez Pontífices lo siguen
recomendando, y muchísimos santos lo difunden por todas partes.
Desde 1878 hasta 1903 el Papa León Trece, gran sabio, se dedica a propagar más y más
la devoción al Santo Rosario. Este Pontífice llamado "El Papa del Rosario"
dedica 12 Encíclicas y 22 documentos menores a recomendar a los fieles el devoto rezo del
Rosario. Y lo lama: "La más agradable de las oraciones", "Resumen del
culto que se le debe tributar a la Virgen", "Una manera fácil de hacer
recordare a las almas sencillas los Dogmas principales de la fe cristiana", "Un
modo eficaz de curar el demasiado apego a lo terrenal, y "Un remedio para
acostumbrarse a pensar en lo eterno que nos espera".
Pío XI (1937) dice que "el Rosario ocupa el primer puesto entre las devociones en
honor de la Virgen y que sirve para progresar en la fe, la esperanza y la caridad".
En 1978 el Papa Juan Pablo II sorprendió al mundo, poco después de ser elegido
Pontífice, con esta frase en la Plaza de San Pedro: "Mi oración preferida es el
Rosario" (29 de octubre) y luego en muchísimas ocasiones fue recomendando esta
hermosa práctica de piedad. Suyas son las siguientes exclamaciones: "El Rosario es
una escalera para subir al cielo"(29 de octubre 1979) "El Rosario nos
proporciona dos alas para elevarnos en la vida espiritual: la oración mental y la
oración vocal" (29 de abril 1979). "Es la oración más sencilla a la Virgen,
pero la más llena de contenidos bíblicos"(21 de octubre 1979). Cuando fue en
peregrinación al santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, Juan Pablo II hizo
allá un bellísimo sermón acerca del Rosario. En el dijo: "El Rosario es nuestra
oración predilecta. Cuando la rezamos, está la Sma. Virgen rezando con nosotros. En el
rosario hacemos lo que hacía María, meditamos en nuestro corazón los misterios de
Cristo" (Lc. 2, 19).