| Braulio significa:
"espada de fuego". Fue
discípulo y amigo del gran sabio San Isidro de Sevilla,
al cual le ayudó mucho en la corrección y edición de
sus libros.
Al morir su hermano Juan, que era
obispo de Zaragoza, el clero y los fieles lo eligieron
para que lo reemplazara.
Como obispo se preocupó mucho por
tratar de que el pueblo se instruyera más en la
religión y por extirpar y acabar con los errores y
herejías que se habían propagado, especialmente el
arrianismo, una doctrina hereje que negaba que Jesucristo
sea Dios verdadero.
Tan grande era la elocuencia de San
Braulio y su capacidad para convencer a quienes le
escuchaban sus sermones que la gente decía: "Parece
que cuando está hablando, es el mismo Espíritu Santo el
que le va diciendo lo que él tiene que decir".
Los obispos de España lo
encargaron de las relaciones episcopales con el Papa de
Roma.
En la catedral, y en el famosísimo
santuario de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza,
pasaba varias horas cada día rezando con especial
fervor.
Aborrecía todo lo que fuera lujo y
vanidad. Sus vestidos eran siempre pobres, y su comida
como la de un obrero de clase baja.
Todas las limosnas que le llegaban
las daba para ayudar a los pobres. Y se dedicaba con
mucho esmero a enseñar a los ignorantes.
Las gentes decían que era difícil
encontrar en el país uno que fuera más sabio que él. Y
en sus cartas se nota que había leído muchos autores
famosos. Había estudiado muy profundamente la S. Biblia.
Y su estilo es elegante y lleno de bondad y de
amabilidad. Se firmaba: "Braulio, siervo inútil de
los santos de Dios".
Los últimos años tuvo que sufrir
mucho por la falta de la vista, algo que para él que era
tan gran lector, era un verdadero martirio. Pero
aprovechaba su ceguera para dedicarse a rezar y meditar.
Tuvo como alumno a otro gran santo:
San Eugenio, obispo.
Poco antes de morir le pareció
escuchar aquellas palabras de Jesús: "Ven siervo
bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te pondré sobre
lo mucho. Entra en el gozo de tu Señor". Y
respondió entusiasmado: "Voy pronto, Señor, ya
estoy listo". Y murió santamente. Era el año 651.
Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece (San Pablo).
|