Un día estando San Juan Bautista con algunos discípulos, vio a Jesús y
señalándolo dijo: "He aquí el Cordero de Dios"
Oyéndolo, dos discípulos se fueron tras El. Y Jesús
volviéndose, les dijo "¿Qué buscáis?" Ellos le dijeron: "Maestro,
¿dónde vives?" Y el contestó: "Venid y lo veréis". Se fueron con Jesús
y se quedaron con El todo aquel día.
Uno de los dos discípulos era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Él, al primero que
halló, después de haber estado con Jesús, fue a Simón, su hermano, a quien le dijo que
habían encontrado al Mesías. Simón escuchó con mucha atención a su hermano y quiso
verle también, por lo que los dos se fueron en busca de Jesús.
Cuando llegaron donde El estaba, Jesús fijó en Simón
su mirada y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan. Tú serás llamado Cefas, que
quiere decir Pedro o piedra
"
Un día, preguntó Jesús a sus discípulos:
"¿Quién dicen las gentes que es el Hijo del Hombre?" Ellos le respondieron:
"Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías;
otros que Jeremías o uno de los profetas".
Jesús añadió: "Y vosotros, ¿quién decís que
soy Yo?" Tomando la palabra, Simón dijo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios
vivo" (Este es el primer dogma definido por el Papa, asistido del Espíritu Santo),
por eso, Jesús le respondió: "Bienaventurado eres, Simón porque esta verdad no te
la ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo
que tú eres Pedro y sobre esta piedra, Yo edificaré mi Iglesia y el poder del infierno
no prevalecerá contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y todo lo
que atares sobre la tierra será también atado en los cielos; y todo lo que desatares
sobre la tierra será también desatado en los cielos".
Atar significa el poder que tiene el Papa para imponer
leyes o deberes que obligan en conciencia, como el de oír misa los domingos, etc. Y
desatar es la misma autoridad y poder que le dio Jesucristo para poder anular algunas
obligaciones que él puede derogar.
El Papa es el vicario de Jesucristo y puede imponer
leyes en su nombre, como son los cinco mandamientos de la Santa Iglesia. Y los demás
obispos tienen la misma autoridad de los Apóstoles, porque son sus sucesores.
A los apóstoles, les dijo Jesús: "Quien a
vosotros os recibe, a mí me recibe
El que a vosotros os escucha, a mí me escucha;
y el que os desprecie, a mí me desprecia
Se le perdonarán los pecados a aquellos a
quienes vosotros se los perdonéis, y no se le perdonarán a aquellos a quienes vosotros
no se los perdonéis".
Cuando Jesucristo eligió a San Pedro para que fuera
Papa, sabía que cometería un grave pecado; y sin embargo no eligió a otro apóstol,
sino a él. Por eso le dijo: "¡Simón, Simón! Mira que Satanás va tras de vosotros
para zarandearos como al trigo; mas yo he rogado por ti a fin de que no perezcas; y tú,
cuando te arrepientas, confirma en la fe a tus hermanos".
"Señor, respondió Pedro, yo estoy dispuesto a ir
contigo a la cárcel o a la misma muerte" Pero Jesús le aseguró: ¡Oh, Pedro! Esta
misma noche, antes de que el gallo cante, ya me habrás negado tres veces".
Pero Pedro, a pesar de sus protestas, se olvidó, y ante
la voz de una mujer que le acusaba, juró que no conocía a Jesús. Lo negó tres veces, y
a la tercera cantó el gallo. Entonces recordó las palabras del Maestro, y dándose
cuenta de su pecado, lloró amargamente y Jesús, después de resucitar, lo perdonó.
En el día de Pentecostés, estando los discípulos
reunidos, aparecieron unas lenguas de fuego que se repartieron sobre ellos y se sintieron
llenos del Espíritu Santo.
Entonces Pedro, como jefe de la asamblea, salió al
balcón y empezó a predicar. Al oírlo, se reunieron junto a él, gran cantidad de
judíos, de todas las regiones y lenguas.
Las gentes que le oían, se preguntaban: "¿Quién
es éste? ¿No es el galileo? Aquí estamos personas de muchas regiones, que hablamos
lenguas diferentes y entre nosotros no nos entendemos. ¿Pues cómo es que a éste todos
le entendemos?" Y tal fue la admiración de la gente, que en aquel día se hicieron
cristianos más de tres mil personas.
Subían un día Pedro y Juan
al Templo, cuando se encontraron con un hombre paralítico. Pasando junto a él, Pedro le
dijo: "Míranos, plata u oro no tengo; pero te doy lo que tengo. En nombre de Jesús
Nazareno, levántate y ponte a andar".
El enfermo, repentinamente curado, dio un salto y se
puso en pie a alabar a Dios. Muchos le conocían y se maravillaron del milagro. Pedro les
dijo: "¡Hijos de Israel! ¿Por qué os maravilláis de esto y por qué nos estáis
mirando? No hemos sido nosotros, sino el Hijo de Dios, Jesucristo, a quien vosotros
crucificasteis". Las palabras de Pedro a la vista del milagro, convirtieron a más de
cinco mil hombres.
Estando Pedro y Juan enseñando en el Templo, llegaron
algunas autoridades y los metieron presos Al día siguiente comparecieron ante el
pontífice, el cual les preguntó: "¿Con qué potestad o en nombre de quién habéis
hecho esa curación del paralítico?".
Pedro le contestó diciendo: "En nombre de Nuestro
Señor Jesucristo, a quien vosotros crucificasteis y Dios ha resucitado. En virtud de Él,
esta sano ese hombre".
Entonces ordenaron a los guardias que los sacasen, y
ellos se pusieron a deliberar entre sí diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres?.
Ha sido un milagro tan claro y evidente que no es posible negarlo. Lo único que podemos
hacer es obligarles a no vuelvan a tomar en la boca ese nombre, ni hablen más de El a
persona viviente".
Entonces, llamándolos de nuevo, les amenazaron que por
ningún caso hablasen ni enseñasen en nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan les respondieron
"Juzgad vosotros qué es más justo en la presencia de Dios: si el obedeceros a
vosotros o el obedecer a Dios".
Los Apóstoles seguían haciendo muchos milagros en el
pueblo. Todos los que estaban enfermos se ponían por donde Pedro pasaba y con sólo
tocarles quedaban curados. Así llegaban a Jerusalén muchas gentes de todas las ciudades,
trayendo enfermos que eran curados.
Alarmados por esto, los príncipes de los sacerdotes
prendieron a Pedro y a Juan y los metieron en la cárcel. Mas el ángel del Señor,
abriendo por la noche las puertas, los puso en libertad y los mandó volver al Templo a
predicar.
Reunidos en concilio los sacerdotes, mandaron ir por los
presos para ser interrogados. Pero regp ALIGN="JUSTIFY">Inmediatamente fue allá el comandante y los trajeron.
El sumo sacerdote les dijo: "¿No os teníamos formalmente prohibido que volvieses a
enseñar en nombre de Ese?" Pedro contestó: "Cierto; pero es preciso obedecer a
Dios antes que a los hombres".
Herodes mandó encarcelar a Pedro, y para dormir lo
hacía atado con cadenas a varios soldados. El rey tenía pensado condenarlo a muerte
después de la Pascua; pero mientras Pedro estaba en la cárcel, la Iglesia entera hacía
oración por él.
Y sucedió que, la noche anterior al día en que Herodes
pensaba matarle, mientras dormían, el ángel del Señor despertó a Pedro, y al instante
se le cayeron las cadenas con las que estaba atado a los soldados. Añadió el ángel:
"Toma tu capa y sígueme".
Salió Pedro tras el ángel y cruzaron delante de todos
los guardias, hasta que llegaron a la puerta de hierro, la cual se abrió por sí misma.
Salieron y caminaron hasta el fin de la calle, y allí el ángel desapareció. Entonces
fue cuando Pedro se dio cuenta de la realidad y dijo: "El Señor ha mandado a su
ángel para librarme de Herodes".
Entonces Pedro se encaminó a una casa donde sabía que
se reunían los cristianos, llamó a la puerta, le abrieron, y al verle quedaron
asombrados. Les contó cómo había sucedido todo y se retiró.
Después de confirmar en la fe a los hermanos de
Jerusalén, San Pedro partió para Roma, que entonces era tenida por la capital del mundo.
Fue el obispo de Roma por espacio de unos 25 años, hasta que murió víctima del
emperador Nerón.
Dice la tradición, que al arreciar la persecución, y
sabiendo los cristianos el interés que tenía Nerón de encontrar al jefe de los
cristianos, consiguieron convencer a Pedro, que se marchase durante algún tiempo a un
lugar menos peligroso. Cuando Pedro se disponía a salir de la ciudad, tuvo una visión en
donde se encontró con su Señor y Maestro Jesús, que venía hacia Roma cargando a las
espaldas con una cruz. Pedro al verlo, humilde y confuso, solamente acertó a decirle:
"¿Adónde vas, Señor?" Y el Salvador le respondió: "Voy a Roma para ser
crucificado otra vez". La visión desapareció, pero Pedro entendió la lección:
Aquella cruz que traía el maestro era su propia cruz, que debería aceptar valientemente.
Dio la vuelta decidido a continuar a Roma y a aceptar el
tormento de la cruz. La policía romana no tardó en cogerle preso, y el emperador Nerón
le condenó a morir en cruz. A Pedro le pareció tanto honor que, considerándose indigno
de morir como el Maestro, suplicó la gracia de morir cabeza abajo, gracia que le fue
concedida, muriendo en el Vaticano el día 29 de junio del año 64.
Pedro arrepentido, Pedro el preferido del Señor, Pedro
el entusiasta por Cristo Jesús, pídele al Señor un amor hacia el Salvador, tan fuerte y
tan generoso como el amor que por Cristo Jesús ardió en tu gran corazón. |