| San Norberto Norberto significa: "resplandor del norte" (Nor: norte. Bert:
resplandor),.
Nació en Alemania, cerca del río Rhin en el año 1080. De familia
rica, planeaba dedicarse a una vida de comodidades y gozos, sin muchas aspiraciones
espirituales.
Pero yendo de viaje por un camino, un rayo asustó a su caballo el cual
lo derribó por el suelo, dejándolo sin conocimiento por más de una hora. Lo primero que
dijo al volver en sí, fueron las palabras de San Pablo:
"¿Señor, que quieres que yo haga?" y por respuesta oyó las palabras del salmo
37: "Apártate del mal y haz el bien". La conversión fue tan repentina y tan
completa como la del apóstol Pablo cuando fue derribado de su caballo. Se retiró a una
casa de oración a meditar y a hacer penitencia y se puso bajo la dirección de un santo
director espiritual. Después de hacer los debidos estudios fue ordenado sacerdote en el
año 1115.
Se propuso cumplir el evangelio a la letra y enseñar esto mismo en sus
sermones. Pero a las gentes les parecieron muy exageradas sus palabras y demasiado austero
su modo de vivir, y lo acusaron ante los superiores pidiendo que le quitaran el permiso de
predicar.
Entonces Norberto se dio cuenta de que primero había que dedicarse a la
penitencia y después sí darse a la predicación, y vendió todos sus bienes (era muy
rico), repartió entre los pobres el dinero recolectado, y se dedicó a vivir como un
verdadero pobre. Andaba descalzo sobre la nieve, como sacrificio por los pecados.
Después se fue en peregrinación a la ciudad donde estaba el Sumo
Pontífice y le hizo una confesión de los pecados de su vida pasada y le contó los
propósitos que tenía de dedicarse a predicar a la gente la conversión y la penitencia.
El Pontífice Gelasio II le concedió licencia para predicar por todo el mundo.
Unos monjes habían abandonado un sitio llamado "Premonstré",
porque les parecían demasiado estériles esas tierras y entonces el obispo se las
ofreció a Norberto, para que organizara allá una comunidad que él deseaba fundar. Y con
varios compañeros se instaló en ese cuasi desierto y sus religiosos se llamaron los
"Premonstratences". Como en esa comunidad se esforzaban por cumplir lo mejor
posible el santo evangelio, esto le trajo muchas vocaciones, y pronto ya tuvo Norberto 9
conventos de premonstratences en diversas partes del país. El Papa Honorio II aprobó la
nueva comunidad, la cual se extendió por varios países.
Un comerciante laico llamado Teobaldo deseaba entrar a la comunidad,
pero San Norberto viendo que este hombre no tenía condiciones ni vocación para
religioso, le aconsejó que se quedara en el mundo, pero ayudando lo más posible a los
religiosos, y viviendo una vida lo más piadosa que le fuera posible. Así lo hizo. Se
casó y siguió en sus negocios pero siendo casi como un religioso en el mundo. Así
nacieron lo que ahora se llaman "Terceras órdenes": grupos de laicos que viven
en el mundo, pero se esfuerzan por llevar una vida bastante semejante a la de los
religiosos.
En la ciudad de Magdeburgo se había muerto el arzobispo y el rey
Lotario asistía al funeral. Predicó San Norberto y lo hizo tan maravillosamente bien,
que al final del sermón el pueblo empezó a gritar: "Norberto Arzobispo".
"Norberto Arzobispo". Al rey Lotario le agradó esta proposición y escribió al
sumo Pontífice recomendándole al santo como nuevo arzobispo de Magdeburgo. Y pronto
llegó el nombramiento, con gran susto para Norberto pero inmenso agrado para los fieles
de la ciudad.
Varios protestaron por este recibimiento, pero el santo respondió:
"Este sí me ha tratado como merezco". Y le besó los pies en agradecimiento.
Norberto se dedicó con todas sus energías a poner orden en su
arquidiócesis, porque muchos laicos se estaban apoderando de los bienes de la Iglesia y
algunos sacerdotes no tenían el debido comportamiento. Se enfrentó amablemente pero con
fortaleza a los que se querían robar los bienes eclesiásticos, y a los sacerdotes les
llamó seriamente la atención. Los que se enmendaron fueron perdonados y los que no
quisieron enmendarse fueron expulsados. A los sacerdotes más relajados los reemplazaba
por monjes fervorosos de su Congregación.
Como siempre, sus reformas tuvieron una fuerte oposición. Sus
opositores le inventaron toda clase de calumnias y trataron de levantar al pueblo en su
contra. Dos o tres veces el santo obispo estuvo a punto de ser asesinado. La rebelión
llegó a tal extremo que San Norberto tuvo que salirse de Magdeburgo, pero entonces
empezaron a suceder tan terribles males en la ciudad, que los ciudadanos fueron a pedirle
que regresara y le prometieron ser más obedientes a sus mandatos e instrucciones. A los
pocos año ya en la ciudad y en el clero se notaba un cambio muy consolador y un gran
progreso en el fervor y en las buenas costumbres.
Y sucedió entonces que en Roma los enemigos del verdadero Pontífice
que era Inocencio II eligieron un antipapa, llamado Anacleto. Y al verdadero Papa lo
expulsaron de la ciudad eterna. Entonces San Norberto convenció al emperador Lotario para
que con un gran ejército se fuera a Italia y defendiera al Pontífice el cual si no
recibía ayudas militares del exterior no podría entrar a Roma. Así que el emperador
Lotario, por influencia de nuestro santo, se dirigió con su ejército hacia Italia y en
mayo del año 1133 entró a Roma, acompañado de San Norberto y de San Bernardo, y
posesionó de nuevo al Pontífice.
Terminada esta su última gran acción, el santo se sintió ya sin
fuerzas; en 20 años de episcopado había hecho un trabajo como de sesenta años.
Moribundo llegó a Magdeburgo y el 6 de junio de 1134 expiró santamente. Tenía apenas 53
años, pero estaba tan desgastado como si tuviera 83. Había cumplido el lema de San
Pablo: "Con gusto me gastaré y desgastaré totalmente por salvar las almas" (2
Cor. 12,15).
Dios nos conceda muchos obispos y apóstoles como San Norberto.
San Marcelino Champagnat
Nació en 1789 cerca de Lyon, Francia. Su padre que llegó a ser alcalde
del pueblo, por defender y favorecer la religión tuvo que sufrir mucho durante la
revolución francesa.
La mamá era sumamente devota de la Virgen Santísima y le infundió una
gran devoción mariana a Marcelino, desde muy pequeño, y le consagró su hijo a la Madre
de Dios.
Una tía muy piadosa le leía Vidas de Santos, y estas lecturas lo
fueron entusiasmando por la vida de apostolado. La lectura de las Vidas de Santos
entusiasma mucho por la virtud.
Creció sin asistir a la escuela, pero las lecturas caseras lo fueron
formando en un fuerte amor por la religión.
Desde muy niño demostró mucha capacidad para aprender la
albañilería, y la practicó en su niñez, y después este oficio le va a ser muy útil
en sus fundaciones. También era ágil para el negocio. Compraba corderitos, los
engordaba, y luego los vendía y así fue haciendo sus ahorros, con los cuales más tarde
ayudará a costearse sus estudios.
Terminada la revolución francesa, el Cardenal Fresh (tío de Napoleón)
se propuso conseguir vocaciones para el sacerdocio y fundó varios seminarios. Cerca del
pueblo de Marcelino abrieron un seminario mayor y un sacerdote visitador llegó a la casa
de los Champagnat a visitar a alguno de los jóvenes a ingresar en el nuevo seminario. A
Marcelino le entusiasmó la idea, pero su padre y su tío decían que él no servía para
los estudios sino para los oficios manuales. Sin embargo el joven insistió y le
permitieron entrar en el seminario.
Como lo habían anunciado el papá y el tío, los estudios le resultaron
sumamente difíciles y estuvo a punto de ser echado del seminario por sus bajas notas en
los exámenes. Pero su buena conducta y el hacerse repetir las clases por unos buenos
amigos, le permitieron poder seguir estudiando para el sacerdocio.
En el seminario tenía otro compañero que, como él, tenía menos
memoria y menos aptitud para los estudios que los demás, pero los dos sobresalían en
piedad y en buena conducta y esto les iba a ser inmensamente útil en la vida. El
compañero se llamaba Juan María Vianey, que después
fue el Santo Cura de Ars, famoso en todo el mundo.
Poco antes de recibir la ordenación sacerdotal, él y otros 12
compañeros hicieron el propósito de fundar una Comunidad religiosa que propagara la
devoción a la Sma. Virgen y fueron en peregrinación a un santuario mariano a encomendar
esta gracia. Marcelino logrará cumplir este buen deseo de sus compañeros.
En 1816 fue ordenado sacerdote y lo nombraron como coadjuntor o vicario
de un sacerdote anciano en un pueblecito donde los hombres pasaban sus ratos libres en las
cantinas tomando licor, y la juventud en bailaderos nada santos, y la ignorancia religiosa
era sumamente grande.
Marcelino se dedicó con toda su alma a tratar de acabar con las
borracheras y los bailaderos y a procurar instruir a sus fieles lo mejor posible en la
religión. Como tenía una especial cualidad para atraer a la juventud, pronto se vio
rodeado de muchos jóvenes que deseaban ser instruidos en la religión. Y hasta tal punto
les gustaba su clase de catequesis, que antes de que abrieran la iglesia a las seis de la
mañana, ya estaban allí esperando en la puerta para entrar a escucharle.
Marcelino era todavía muy joven, apenas tenía 27 años, y ya resultó
fundando una nueva comunidad. Era de elevada estatura, robusto, de carácter enérgico y
amable a la vez. Alto en su aspecto físico y gigante en la virtud. Le había consagrado
su sacerdocio a la Virgen María, y en una de sus visitas al Santuario Mariano de la
Fourviere, recibió la inspiración de dedicarse a fundar una congregación religiosa
dedicada a enseñar catecismo a los niños y a propagar la devoción a Nuestra Señora.
Eso sucedió en 1816, y una placa allá en dicho santuario recuerda este importante
acontecimiento.
Lo que movió inmediatamente a Marcelino a fundar la Comunidad de
Hermanos Maristas fue el que al visitar a un joven enfermo se dio cuenta de que aquel
pobre muchacho ignoraba totalmente la religión. Se puso a pensar que en ese mismo estado
debían estar miles y miles de jóvenes, por falta de maestros que les enseñaran el
catecismo. Lo preparó a bien morir,istas fue el que al visitar a un joven enfermo se dio cuenta de que aquel
pobre muchacho ignoraba totalmente la religión. Se puso a pensar que en ese mismo estado
debían estar miles y miles de jóvenes, por falta de maestros que les enseñaran el
catecismo. Lo preparó a bien morir, y se propuso buscar compañeros que le ayudaran a
instruir cristianamente a la juventud.
El 2 de enero de 1817 empezó la nueva comunidad de Hermanos Maristas en
una casita que era una verdadera Cueva de Belén por su pobreza. Sus jóvenes compañeros
se dedicaban a estudiar religión y a cultivar un campo para conseguir su subsistencia. El
santo los formaba rígidamente en pobreza, castidad y obediencia, para que luego fueran
verdaderamente apóstoles.
Pronto empezaron a llegar peticiones de maestros de religión para
parroquias y más parroquias. Marcelino enviaba a los que ya tenía mejor preparados, y la
casa se le volvía a llenar de aspirantes. Siempre tenía más peticiones de parroquias
para enviarles hermanos catequistas, que jóvenes ya preparados para ser enviados. Y como
su casa se llenó hasta el extremo, él mismo se dedicó ayudado por sus novicios, y
aprovechando sus conocimientos de albañilería, a ensanchar el edificio.
Ante todo, las labores de sus religiosos estaban todas dirigidas a hacer
conocer y amar más a Dios y a nuestra religión. El método empleado era el de la más
exquisita caridad con todos. Marcelino no podía olvidar cómo una vez un profesor puso en
público un sobrenombre humillante a un alumno y entonces los compañeros de ese pobre
muchacho empezaron a humillarlo hasta desesperarlo. Por eso prohibió rotundamente todo
trato humillante para con los alumnos. Quitó los castigos físicos y deprimentes. Le dio
mucha importancia al canto como medio de hacer más alegre y más eficaz la catequesis.
Fue precursor de la escuela activa, en la cual los alumnos participan positivamente en las
clases. Cada religioso debía dedicar una hora por día a prepararse en catequesis, y en
pedagogía para saber enseñar lo mejor posible.
La quinta esencia de la pedagogía de San Marcelino era su gran
devoción a la Virgen Santísima. Repetía a sus religiosos: "Todo en honor de
Jesús, pero por medio de María. Todo por María, para llevar hacia Jesús". Y les
decía: "Nuestra Comunidad pertenece por completo a Nuestra Señora la Madre de Dios.
Nuestras actividades deben estar dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar.
Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes, y así los llevaremos más fácilmente hacia
Jesucristo".
Marcelino murió muy joven, apenas de 51 años el 6 de junio de 1840.
Los últimos años había sufrido de una gastritis aguda, y un cáncer al estómago le
ocasionó la muerte. Al morir dejaba 40 casas de Hermanos Maristas. Ahora sus religiosos
son más de 6,000 en 870 casas, en muy diversos países.
Marcelino Champagnat fue proclamado santo por el Papa Juan Pablo II el
18 de abril de 1999. |