16 JESÚS Y LA VERDAD
INTRODUCCIÓN.
A veces se ha atenuado el escándalo diciendo que Jesús había querido
únicamente echar del Templo a los vendedores. Pero este negocio era
indispensable al culto: suministraba los animales que se ofrecían en
sacrificio. Y eran necesarios muchos cambistas para que los peregrinos
extranjeros pudieran procurarse dinero judío.
"Jesús hizo un azote con cordeles y los echó a todos del templo con las
ovejas y bueyes; desparramó las monedas y volcó las mesas de los cambistas…"
(Jn 2, 13-15). Estos gastos eran sacrílegos: el profeta de Nazareth estaba
enfrentándose a un culto y a una religión. En realidad él atacaba un sistema
religioso que permitía a unos hombres utilizar a Dios para dominar y
explotar a otros hombres.
Jesús se levanta contra los que se servían de Dios. No podía aceptar que
el Dios que había liberado a Israel estuviera sometido a los intereses
materiales y morales de la casta sacerdotal. Esta loca iniciativa que ponía
en causa la existencia misma del alto clero de Jerusalén le costará la vida.
El es conciente de ello: va a decirlo en una frase sutil. Ante la enormidad
del suceso se le interpela: " ¿Qué señal nos das para obrar así?" Y él da
esta respuesta aparentemente demencial: "Destruid este Templo y en tres días
lo levantaré". Destruir el Templo que desde hacía diez siglos era el corazón
de Israel, el hogar de su unidad religiosa y política, el lugar en que Dios
habitaba en el Santo de los Santos, San Juan añade por miedo a que sus
lectores tampoco comprendan: " Pero el Templo de que él hablaba era su
cuerpo".
Un Templo nuevo. En adelante ya no habré más Templo que este cuerpo cuyos
miembros van a multiplicarse a través del mundo. El Templo será hecho de
carne frágil. Su cuerpo... Jesús, otro día, ante el estupor de todos, lo
habría propuesto como alimentes para la verdadera Vida. E iba muy pronto a
ofrecerlo a sus compañeros repartiéndoselo en la última Cena. Alimento,
cuerpo, templo..., nuestra lógica occidental se desconcierta. Pero, cómo
decir más claro que en adelante el camino hacia Dios consiste en seguir a
Jesús, y que ya no hay necesidad de Templo, ni de sacrificios de animales,
ni de comidas sagradas?
1. BASE COMÚN.
Es evidente que había una amplia base común, compartida por Jesús con los
rabinos de su tiempo. Jesús aceptaba como ellos el Antiguo Testamento
reconociendo que contenía una revelación divina. Podía dar por supuesta su
doctrina como algo bien conocido por su auditorio; Dios es uno; él el "Señor
.del cielo y de la tierra" (Mt. 11, 25; Lc. 10, 21), es bueno de sumo grado
("nadie es bueno sino sólo Dios"), es todopoderoso ("A Dios todo es
posible") (Mc. 10, 18; 10, 27). Dado que es a la vez bueno y poderoso, es
riguroso en el juicio pero también "abundante en misericordia", como lo
declara constantemente el Antiguo Testamento, Hasta aquí' no había nada que
fuera extraño o inaceptable para un judío bien instruido de su época. De la
misma manera, en su enseñanza ética partía de una base común.
Jesús podía apropiarse todo lo mejor que había en el Antiguo Testamento y
en la enseñanza de los rabinos contemporáneos Propondría interpretaciones de
la Ley de Moisés, pero también algunas críticas que ellos no se habrían
permitido. Estudiosos judíos han mostrado que hay una gran parte de la
enseñanza rabínica francamente semejante a la de Jesús en los Evangelios,
que a fin de cuentas es lo que habríamos esperado nosotros De hecho debemos
suponer que buena parte de la ética corriente en el judaísmo se da
tácitamente por supuesta.
2. DIFERENTE.
Y sin embargo, la enseñanza está orientada en una dirección del judaísmo
rabínico; es diferente su ángulo de incidencia en la vida. Creemos que para
apreciar esto debidamente será lo más convenirte comenzar también aquí por
las parábolas, las cuales, como hemos visto, constituyen la parte más
característica de la enseñanza de Jesús. Si damos una ojeada al conjunto de
las parábolas, no podemos menos de notar que gran parte de ellas tienen un
tema común que podemos definir como la llegada de la "hora cero", el clímax
a punto culminante de un proceso que acarrea una crisis, en la que impone
una acción decisiva. Un labrador observa pacientemente como se va
desarrollando su sementera,, cómo la tierra "produce primero hierba, luego
espiga, y por último el trigo bien granado en la espiga" (Mc. 4, 28-29). Por
el momento él no puede hacer nada; las fuerzas de la naturaleza se encargan
de todo. Pero "cuando 'él fruto está a punto, en seguida mete la hoz, porque
ha llegado el tiempo de la siega". Y si deja pasar el momento, la cosecha
está perdida. Un mercader de piedras preciosas, al que se ofrece una perla
de extraordinario valor precio de una vida entera, la compra inmediatamente,
no sea que otro se le adelante, aunque tenga que gastar todo su capital (Mt.
13, 45-46). Uno que va a comparecer ante el magistrado con su contarlo,
conviene que se apresure a arreglarse con él en el camino (Mt. 5, 25-26)
(Lc.12, 57-59). Un servidor que se entera de que va a ser despedido, debe,
sin tardar, idear los medios para evitar caer en la pobreza (Lc. 16, 34).
Cuadro tras cuadro se ejemplifica la misma idea: una crisis que reclama una
decisión.
3. LA HORA CERO.
¿Cuál era la "hora cero" a que se refería Jesús? En los Evangelios está
bastante claro. Era la hora con que se enfrentaban Jesús y sus oyentes en el
momento en que él hablaba. Como la recolección es el punto culminante del
ano para el campo, así es también el término de la evolución de los siglos "Levantad
vuestros ojos y mirad los campos; ya amarillean para la siega. Y el segador
recibe su salario y recoge el fruto" (Jn. 4, 35). Es el momento en que la
historia de Israel, con todas sus promesas incumplidas, hallará
cumplimiento.
"Dichosos los ojos que ven lo que estáis viendo. Porque yo os digo:
Muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo
vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo y no lo oyeron" (Lc. 10, 23-24).
Más concretamente declara esto un dicho que Lucas reprodujo con una
concisión casi telegráfica "La ley y los profetas llegan hasta Juan; desde
entonces se anuncia el evangelio del Reino de Dios" (Lc. 16, 16. La versión
de este dicho en Mateo es más enigmática, 11, 12-14). Esto quiere decir que
con la acción de Juan Bautista (que acaba de ser entregado a la muerte)
había finalizado un orden antiguo y se había inaugurado un orden nuevo. Este
viene caracterizado como "Evangelio" o Buena Nueva acerca del "Reino de
Dios', un profeta.
Este modismo hebraico significa algo así como el "reinado de Dios" esto
es, Dios mismo que ejerce su poder regio. Jesús fue a Galilea, dice Marcos,
anunciando esta "Buena nueva", que el escritor formuló en una especie de
slogan o lema: "Se ha cumplido el tiempo; el Reino de Dios está cerca" (Mc.
l, 15). Quería decir: Aquí está Dios en toda su magostad, saliéndonos al
paso doquiera que vivís, ¿qué vais a hacer vosotros a este propósito? El
público Galileo adivinó muy bien que Jesús traspasaba aquí la esfera de un
rabino.
"Es un profeta decían como uno de los demás profetas" (Mc. 6, 15).
Jesús estaba efectivamente en la sucesión directa de los profetas del
Antiguo Testamento. Los profetas se apoyaban en la convicción de que Dios
interviene en los asuntos humanos, y así ellos interpretaban los
acontecimientos dé su tiempo concuna penetración procedente de su trato con
el Estado ¿O. ("oyendo la palabra del Señor" como ellos expresaban).
Análogamente, nosotros deberíamos entender la proclamación del Reino de Dios
por Jesife como interpretación de la situación contemporánea en términos de
su conocimiento de Dios. En toda apariencia había una situación
significativa. Dentro del judaísmo asoma una crisis que debía resolverse en
breve plazo de una manera o de otra. En el vasto mundo cosas notables
acontecían en las mentes de los hombres, y la vida judía no podía quedar al
margen de ello. Sucedían cosas: ¿pero qué era lo que sucedía? Cierto que,
como siempre se podían dar diferentes respuestas a la pregunta. Qué
respuesta debería dar uno que creyera en Dios? Los profetas respondieron
para su tiempo en términos del "designio del Altísimo"... Y así Jesús
respondió a la pregunta planteada por la crisis que él observaba, diciendo:
"Ha llegado el tiempo; el Reino de Dios está cerca". Esta es la "hora cero",
la hora de la decisión. Dios se enfrentaba con los hombres más
inmediatamente, más urgentemente que nunca en el pasado, y a ellos se les
ofrecía una oportunidad sin precedente.
5. EL REINO HA LLEGADO.
La afirmación requiere cierto examen. De Dios, el eterno, el omnipotente,
difícilmente puede decirse que está más cerca o más lejos en este tiempo que
en aquel. Si el rey sobre todas las cosas es rey siempre y en todo lugar. En
este sentido su reino no viene, sino que sencillamente es, existe. Ahora
bien, la experiencia humana acontece dentro de un marco de tiempo y de
espacio. Tiene diversos grados de intensidad. Hay momentos particulares en
la vida de los hombres y en la historia de la humanidad, cuando lo »>' es
permanentemente verdad manifiesta y operante. Tal momento de la historia
está reflejado en los Evangelios. La presencia de Dios entre los hombres,
que es una verdad de todos los tiempos y lugares, vino a ser una verdad
operante. Vino a ser tal debemos concluir debido al impacto que hizo Jesús;
por el hecho de haber sido presentada con excepcional claridad y de haber
operado con una fuerza excepcional en sus palabras y en sus acciones. Jesús
mismo subrayó los efectos de su acción como signos de la venida del reino:
"Si yo arrojo los demonios por el dedo de Dios es que el Reino de Dios ha
llegado a vosotros" (Lc. 11,20; Mt.12, 28 tiene la versión más
convencional,"por el espíritu de Dios")
La expresión es, por supuesto, figurada. En sentido literal, Dios no
tiene dedos, y puede que haya o que no haya eso que se lama malos es píritus;
lo que los Evangelios llaman "arrojar demonios" puede definirse correcta o
incorrectamente en otros términos. Pero la idea esencial no es oscura. En la
presencia de Jesús, las tenebrosas fuerzas interiores que hacen estragos en
las almas y en los cuerpos de los hombres, eran subyugadas y sus victimas
quedaban sanas. Que ello era así es un hecho grabado tan profundamente en
las memorias, que razonablemente no puede ponerse en duda. Y esto, decía
Jesús, era una señal de que Dios estaba viniendo a su reino. No sería exacto
decir que Jesús trajo, o estableció, el Reino de Dios. Esto fue obra de Dios
mismo, cuya perpetua providencia, activa en cualquier parte de su creación,
había hecho surgir aquel momento trascendental, cuyo rasgo más significativo
era la aparición a los hombres conscientes de ello y los requirió a
responder. Era una "buena nueva" en el sentido de que implicaba una
oportunidad de un nuevo comienzo y un enriquecimiento en experiencia sin
precedente.
6. UN RETO.
Pero cuando una persona (o una sociedad) se ha visto situada ante tal
requerimiento y lo ha esquivado, no se halla ya exactamente allí donde se
hallaba anteriormente. Su postura es la peor para el encuentro. Esto es lo
que da fuerza a las tremendas advertencias que se refiere haber formulado
Jesús tocante a las consecuencias del rechazo. Por eso es por lo que Juan,
contemplando desde atrás la vida de Jesús, como un episodio completo, la vio
como un día del juicio. "Esta es la hora del juicio de este mundo, y los
hombres prefirieron las tinieblas a la luz" (Jn. 3, 19). La luz es una cosa
buena; encontrarse con la realidad que es la presencia de Dios en este
mundo, es en sí algo bueno. Cualquiera que sea la posibilidad de desastre
que esté latente en la elección ofrecida, el hecho mismo de abordar la
elección en la libertad que el Creador otorga a sus criaturas, eleva ya la
vida a mayor grado de intensidad. La venida del Reino significaba la franca
posibilidad de engrandecimiento de la vida; significaba también elevación de
la responsabilidad moral.
7. LA RESPUESTA.
¿Qué respuesta al requerimiento esperaba Jesús de sus oyentes? "El Reino
de Dios está cerca; arrepentíos". Así reza el tema de Marcos. En nuestra
lengua, "arrepentirse significa sentir pesar por los propios pecados". Esto
no es lo que quiere decir el vocablo griego. Este quiere decir sencillamente
"volver a pensar", tener nuevas ideas, cambiar de pensamiento, de modo de
ver. El "arrepentimiento", tal como lo entienden los Evangelios, es un
reajuste de las ideas y de las emociones, de lo cual surgirá una nueva pauta
de vida y de comportamiento.
8. DIOS ESTA AQUÍ AHORA.
El reajuste viene a ser aceptación de la "buena nueva de Dios". La nueva
era, en primer lugar, que Dios estaba aquí ahora.
Una vez que se hubiera comprendido esto, todo lo que se pudiera decir
acerca de Dios tendría una nueva dimensión. Lo que Jesús tenía que decir
acerca de Dios era expresado, como hemos visto, en un lenguaje imaginativo y
emotivo que, más que definir, sugería. Hemos hecho notar cómo él vivía en
medio de la belleza y de las maravillas de la naturaleza y enlazaba al
hombre con la naturaleza en un orden en el que cada nivel podía ser
iluminado por otro, y en todo había de descubrir a Dios. A todo nivel se
encuentra el hombre con su Creador.
Señor del cielo y de la tierra, de infinita bondad y poder, cuya bondad
es una generosidad exuberante dirigida a todas sus criaturas, y sin embargo
centrada en los individuos en una intimidad inconcebible. "Hasta los
cabellos de vuestras cabezas están todos contados" (Mt* 10, 30; Lc. 12, 7)
9. COMO PASTOR SOLICITO.
Es instructivo observar cómo este modo de pensar acerca de Dios da nuevo
colorido a las imágenes de la divinidad que Jesús tomó de la tradición de su
pueblo. La idea de Dios como pastor de Israel es casi un lugar común en el
Antiguo Testamento. Un verdadero pastor, observaba Jesús, se interesará
profundamente por uña sola oveja que se haya descarriado: "Va en busca de la
que se le ha perdido hasta que la encuentra " (Lc. 15, 4). Así hace Dios. Y
este punto se inculca porque Jesús era censurado por hacer esto mismo. La
parábola de la oveja perdida era de hecho (así nos dice Lucas) su réplica
tales censuras, La imagen tradicional del pastor divino se veía reanimada en
sus acciones igual que en sus palabras.
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