El estudio teológico sobre la Virgen María está lleno de virtualidades y
consecuencias, estas se manifiestan no sólo en los Tratados de Teología" sino
también en el creciente interés universal de los fieles que ha sabido descubrir
en la Santísima Virgen el camino fácil y viable para llegar a Jesucristo; prenda
segura de ortodoxia en la doctrina y para la propia salvación.
Contemplaremos a María como modelo acabado de mujer, como encarnación ideal de
los valores femeninos, valores concretos como la maternidad y la virginidad que
nos señalan los dos caminos de realización de la vocación de la mujer y que
logran en María su mayor y mejor exponente, porque en Ella se conjugan a la
perfección y se realizan de la manera más acabada.
La Virgen María no ha de ser para nosotros tanto un objeto de piedad cuanto un
modelo de identificación y de contemplación y, en especial para la mujer, ya que
los problemas femeninos encuentran solución estudiando la conducta de María; de
allí que la autentica piedad mariana, ha de consistir en saber abandonarse y
dejarse guiar por María, cuya misión es la de conducirnos con su amor maternal
hacia la felicidad y plenitud en nuestro encuentro con su Hijo.
Ella nos indica el camino para participar de la redención realizada por Cristo y
nos enseña cómo vivir para tomar parte en ella.
Desde esta perspectiva, María es un modelo porque en sus condiciones concretas
de vida Ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios, porque
acogió la Palabra y la puso en práctica, porque su acción estuvo animada por la
caridad y por el espíritu de servicio y por su abierta y generosa
disponibilidad.
La mujer de hoy está llamada a orientar su mirada hacia el purísimo ideal de la
vida de María, quien nos invita a conocer, asumir y practicar sus valores, sea
cual sea el estado de vida o situación personal en la que nos encontremos; en
Ella " la mujer" de hoy encuentra una actitud y disposición a acoger la
maternidad
como don y vocación de Dios, porque ser madre implica empeñarse en llevar a cabo
la misión por Dios encomendada a la mujer de dar y guardar la vida ya que el
Creador le ha Confiado a la mujer la tarea de traducir el amor en vida y llenar
la vida de amor, de tal suerte que, en la Santísima Virgen se encuentran también
reflejados los valores centrales de lo que significa ser esposa, siendo además
modelo de la Iglesia Madre, por lo que ella puede reflejar y personificar la
realidad del ser eclesial.
María Santísima, se caracterizó por la total dedicación de todo su ser al
servicio del Señor convirtiéndose en modelo de la mujer consagrada, y por estar
atenta a las necesidades del ambiente que la rodeaba, distintivo éste que debe
sellar la postura de la mujer en cualquier campo de la vida "demostró su interés
por todo lo que afecta al hombre" comprometiéndose con el quehacer de la vida
misma
María Santísima nos ha de ayudar a descubrir qué roles se ajustan mejor a la
naturaleza femenina y asumir su dignidad desde el descubrimiento de toda la
riqueza del don personal de la feminidad, de su «genio femenino» , en la manera
que Dios lo quiso, como persona en sí misma y como realización plena por medio
de la entrega sincera de sí en un "Hágase" siempre presente y siempre constante.
Este descubrimiento ha de llenar constantemente al corazón de cada mujer en la
medida en que descubra quien fue María, con el fin de dar forma a su propia
vocación y a su vida misma, consciente de su identidad femenina y de los
desafíos de su misión para testimoniar la riqueza de una vida cristiana
entregada al cumplimiento de su vocación en el tiempo histórico concedido para
testimoniar con su vida su auténtica piedad mariana.
Eres María, mujer de sublimes misterios... y, ¡qué bueno que sea así! Porque con
tu actitud nos enseñas la lección de la total entrega a cumplir en nuestra vida
sólo y únicamente la voluntad de Dios.
Nos enseñaste como caminar por los senderos del claroscuro de la fe, desde donde
se agiganta en la esperanza el servicio en el amar... infinito, poderoso y
misterioso.
El secreto de tu corazón sólo pudo ser visto por los ojos del Padre Eterno y
sólo pudo ser vivido en tu interior por el Santo Espíritu...
Nosotros contemplaremos el enigma de la Encarnación con los ojos del alma" que
intuye su real magnificencia para adorar el misterio de la Redención que nació
por obra y gracia del Santo Espíritu de Madre Virginal.
No podemos ni debemos caer en el error de reducir al pasado la actividad de
María como Madre que nos lleva al encuentro con su Hijo por medio de la
Reconciliación, pues glorificada ya al lado de su Hijo, cabeza de la humanidad,
ejerce su cuidado maternal por aquellos hijos que le fueron confiados al pie de
la Cruz, los cuales sometidos todavía a los peligros de la acción disgregadora
del pecado, necesitan de sus cuidados constantes, necesitan de su oración, como
la de Jesús en la última cena, impulsando la unidad de la familia y María
obteniendo para ellos los dones de la salvación eterna (LG 62).
El corazón de una familia es con toda certeza el corazón de la madre, ya que
ella es el punto de confluencia de todos los dolores y de todas las alegrías de
la familia. Dios le ha entregado a la esencia femenina la capacidad de aguante"
ternura y entrega que hacen de ella ese oasis de paz y de sosiego, regazo amplio
y cálido donde se congregan todos en la seguridad de la unión.
En la nueva familia de los hijos de Dios, tenemos también por disposición divina
una Madre, quien nos fuera proclamada por Jesús desde la cruz.
Hoy en el gran cenáculo que forma la Iglesia, nuevo templo de Dios en el mundo"
la santísima Virgen María sigue siendo una invitación constante y perseverante
para la unión y la convivencia familiar de toda la humanidad a cuantos creen en
Cristo.