| El libro de
los (segundo de los libros históricos del Antiguo
Testamento) es un resumen del periodo que media entre la
muerte de Josué y el nacimiento de Samuel, esto es,
entre el año 1200 A.C. y el 1060. En realidad, Samuel
fue el último Juez de Israel, pero su importancia es
tal, que se le han dedicado dos libros enteros. En el se
encuentran agrupadas con más o menos brevedad las vidas
de los doce jueces y sus relaciones con Dios. El plan de
este libro es muy sencillo. La existencia de los jueces se explica de
este modo: el pueblo de Israel es infiel al Señor y se
entrega al culto de los falsos dioses. El Señor pone al
pueblo en manos de un opresor; luego, cuando Israel
invoca de nuevo al Dios verdadero, Dios hace surgir un
libertador. En toda esta obra se encuentra un tema moral
que consta de cuatro partes: pecado, castigo, penitencia
y liberación.
El libro de los Jueces se
presentó como una serie de relatos yuxtapuestos. Tiene
sin embargo una introducción, pero esta tampoco fue
escrita como encabezamiento único de todo el conjunto.
Así se ha llegado a distinguir dos introducciones
diferentes.
Las primeras palabras del
libro actual son una continuación natural de las
últimas del libro de Josué, pero es probable que haya
existido una versión más corta en la que faltarán el
último capitulo de Josué y el primer capitulo del libro
de los Jueces. En efecto, las palabras "Josué
despidió al pueblo" (Jue 2,6) deben ser la
continuación de Jos 24,28. Y esto es tanto más
verosímil cuanto que la continuación (Jue 2, 8-9)
reproduce palabra por palabra el texto de Jos 24, 29-30.
En el texto actual (o
versión larga) una primera introducción (Jue 1,1 - 2,5)
completa los relatos de la conquista (que figuran en el
libro de Josué) con tradiciones particulares
pertenecientes a las tribus de Judá y de Simeón (Jue
1,1-21), y luego a la de José (Jue 1,22-26). Esta
introducción explica a continuación porque la conquista
quedó incompleta y cuales fueron los peligros que de
ello se siguieron para la pureza de la religión (Jue
1,27-36).
La segunda introducción
(comienzo de la versión corta), atribuye la
responsabilidad de los reveses a los israelitas, fue su
infidelidad permanente lo que les impidió vencer a los
cananeos, de suerte que, a causa de ella, quedaron
sometidos más de una vez a su tiranía (Jue 2,11 - 3,6).
Los grandes relatos.
(Otoniel, Ehúd, Samgar, Debora y Baraq, Gedeón y
Abimelek, Thola, Yair, Jefte, Ibsan, Elon, Abdón,
Sansón).
Vienen a continuación los
relatos de extensión muy desigual consagrados a los
diferentes Jueces. Parece que el autor ha vacilado entre
seguir el orden cronológico o el orden de dignidad de
las tribus. Es probablemente éste el que ha hecho situar
en cabeza a los personajes de Judá y de Benjamín, las
dos tribus que rodeaban a Jerusalén (Jue 3,7-30).
LOS JUECES MENORES.
Entre estos grandes
relatos se insertan las noticias de los "Jueces
Menores", de los que apenas se conoce otra cosa que
el nombre (Jue 3,31; 10,1-5; 12,8-15). En total se
mencionan doce personajes, que no se hallan repartidos
siguiendo la lista clásica de las doce tribus, señal
quizá de un estado de cosas bastante arcaico.
Dos apéndices.
El libro concluye con dos
relatos bastante diferentes de los demás, y que no
están centrados en torno a un individuo. El primero
desarrolla una antigua tradición sacerdotal sobre la
fundación de un santuario irregular en Dan, al extremo
norte de Palestina (17-18). El segundo da cuenta de una
guerra civil entre las tribus, guerra llevada a cabo con
energía, y hasta con crueldad, pero no llegó hasta el
exterminio completo (Jue 21,6 ss).
La última palabra del
autor bíblico expresa su juicio personal sobre los
acontecimientos (Jue 21,25).
CARACTERISTICAS DE LA
EPOCA DE LOS JUECES.
Se caracteriza:
- Por falta de unidad
entre las tribus israelitas.
- Por las incesantes
guerrillas contra cananeos y filisteos principalmente.
- Por la toma de posesión
de Canaán.
- Por el peligro de perder
o contaminar el valor absoluto de su fe
- Por un deseo de unidad,
de un hombre fuerte que los unifique, de
un Rey. Ofrecen a Gedeón
esta dignidad pero no la acepta. (Jue 8,23).
|