| Obra anónima
escrita seguramente a fines del siglo segundo antes de
nuestra era. El libro de Judit narra un momento crítico
de la liberación judía bajo Nabucodonosor. Judit cuyo nombre significa
"la judía", representa la causa de Dios,
identificada con la de la nación.
Es un relato de
resistencia, la historia de una mujer valiente y astuta,
de una patriota de Israel.
Entre sus inmemorables
personajes, tres sobresalen en este drama: Nabucodonosor,
presentado como el rey de Asiria; Holofernes, el general
en jefe que manda los ejércitos del tirano; y Judit, la
mujer judía que salva a sus desgraciados compatriotas
oprimidos.
Nabucodonosor se dispone a
atacar a su vecino, el rey de los medas, Asfaxad.
Necesita hombres. Llama en su ayuda a todos los pueblos
que hay en las llanuras del Tigris y del Eúfrates. Estos
se niegan, lo cual es considerado como un ultraje.
Encargado de la represión, Holofernes emprende una
campaña de intimidación contra los rebeldes. Todos los
pueblos de la Mesopotamia, de la Alta Siria, del Oronto y
del Jordán se someten sin condiciones. Unicamente los
judíos se retiran, ordenadamente, a sus montañas para
orar e impedir al opresor su paso por Judea.
Holofernes no insiste.
Tiene dos misiones que cumplir, y habiendo fracasado en
la primera, la de índole militar, se entrega con empeño
a la segunda, que es de carácter religioso.
Nabucodonosor le ha encargado que sustituya el culto al
Dios de Israel por el de su propia persona. Los judíos
se indignan. El sabio asirio Aquior había previsto y
justifica su indignación.
Pero Holofernes se
obstina. Nabucodonosor es el único dios; la fuerza dará
cuenta del desarmado pueblo judío. Pone cerco a la
pequeña plaza fuerte de Betulia. Falta el agua; los
judíos asediados empiezan a perder la confianza.
Entonces hace su aparición Judit, una joven viuda muy
piadosa, valiente y decidida.
Ante la actitud temerosa
de Ozías y de los ancianos muestra una resuelta firmeza:
"Escuchadme: Yo me propongo realizar una hazaña que
se recordará de generación en generación entre los
hijos de nuestra raza. Vosotros estaos esta noche a la
puerta; yo saldré con mi sierva..." (Jud 8, 32 y
ss).
Judit sale de Betulia, se
deja arrestar por una avanzada de los asirios y conducir
a la presencia de Holofernes, a quien ella dirige un
discurso tan hábil, que el la invita a un banquete que
da a sus oficiales. Luego se queda a solas con
Holofernes.
Todo sucede entonces tal
como Judit había previsto. Después de haber invocado A
Dios, corta la cabeza a Holofernes, la pone en sus
alforjas y vuelve furtivamente a Betulia.
Una vez en la ciudad,
expone a los suyos el plan de ataque a los asirios.
Conviene obrar con astucia. Todos se muestran astutos y
así consiguen batir a los sitiadores. Estos van en busca
de Holofernes, a quien encuentran decapitado. Entonces,
dominados por el terror, los asirios huyen en desorden.
Los judíos se transladan
a Jerusalén llevando triunfalmente a la heroína, para
dar gracias a Dios.
"No cayó su caudillo
a manos de jóvenes, ni le hicieron tajos los titanes, ni
soberbios gigantes pusieron en el la mano: Judit, hija de
Merari, con la hermosura de su rostro le paralizó"
(Jud 16,8).
Este libro es algo más
que un relato histórico: tiene un sentido religioso:
Yahvé, el Dios de la paz, el Dios de las batallas y el
Dios de la Alianza, conduce los sucesos según el
interés de su pueblo.
La moral de esta guerra
santa (Judit que engaña, que seduce y que mata a
Holofernes) puede asombrar a un cristiano: pero la
acción debe ser situada en su verdadero ambiente: el de
una época en que el pueblo judío, rodeado de enemigos,
estaba expuesto a peligros incesantes.
La gesta de Judit no es
más que uno de esos ardides de guerra que la historia
del antiguo Oriente nos ofrece con frecuencia.
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