| El libro de
Josué es el de las memorias del conductor de un pueblo,
del jefe de los hebreos, del sucesor de Moisés, un
relato maravillosos de la entrada de Israel en la Tierra
prometida. En la
Biblia sigue al Pentateuco y se divide en tres partes:
La primera empieza, como
un film épico, con la narración del paso del Jordán.
Sigue el relato de la conquista del país de Canaán y de
las expediciones que marcan las etapas de la llegada del
pueblo elegido a la Tierra prometida.
La segunda parte relata
como se distribuyeron las tribus en el país, y la
fundación de ciudades de refugio y de poblaciones
levíticas.
En la tercera parte se
exponen las relaciones mutuas entre las distintas tribus,
cuya unión está garantizada por la adhesión solemne al
culto de Yahvé. El libro termina con el relato de la
erección de un altar junto al Jordán y el texto del
último discurso de Josué en Siquen.
"Yo soy ya viejo, de
edad avanzada.
Vosotros habéis visto
todo cuanto Yahvé, vuestro Dios,
ha hecho con todas las
naciones que teníais ante vosotros;
porque es Yahvé, nuestro
Dios,
el que es por vosotros ha
combatido" (Jos 23, 2-3).
Se ha dicho que Josué era
una representación de Jesús, y más de un pasaje del
libro afianza esta mística, Yahvé dice a Josué:
"Nadie podrá
resistir ante ti,
por todos los días de tu
vida;
Yo seré contigo como fui
con Moisés;
no te dejare ni te
abandonare" (Jos 1,5).
Del mismo modo que había
secado el mar Rojo, Yahvé detiene el curso de las aguas
del río Jordán para que Josué, a la cabeza de su
pueblo, pueda pasarlo.
"Cuando veáis el
arca de la Alianza de Yahvé,
vuestro Dios, llevada por
los sacerdotes, hijos de Leví,
partiréis de este lugar
donde estáis acampados
y os pondréis en marcha
tras ella" (Jos 3, 3-4).
Los sacerdotes anunciaban
a Juan Bautista. Ellos fueron los primeros en entrar en
el Jordán, seguidos de Josué, el jefe y profeta. Así,
cuando Juan ha empezado ya a bautizar y santificar las
aguas, el pueblo entra mediante el santo bautismo en el
Reino de los Cielos.
"Cuando toda la gente
hubo acabado de pasar el Jordán,
Yahvé dijo a Josué:
"Tomad de entre el pueblo
doce hombres, uno por cada
tribu,
y dadles esta orden: De
ahí, del lecho del Jordán,
donde los sacerdotes han
estado a pie firme,
coged doce piedras,
traedlas y depositadlas
en el lugar donde
acampéis esta noche" (Jos 4,2-3).
Doce apóstoles, doce
piedras. La profecía salta a la vista: se refiere a los
doce apóstoles que han de construir la Iglesia.
El fue el primero en
entrar a la tierra prometida.
El libro de Josué es una
construcción bastante heterogénea; más de una vez, en
efecto, el tono cambia, lo cual hace entrever la mano de
varios autores, con preocupaciones diversas. Se pueden
reconocer en este libro tres bloques de tradiciones
redactadas en épocas diferentes Este conjunto va
precedido y seguido de discursos. La composición final
data, en su mayor parte, de la época de los Reyes.
El libro comienza y
termina con discursos edificantes (1 y 22-24) en los que
con mucha frecuencia, se citan textualmente frases del
Deuteronomio. Encontramos en estos discursos grandes
lecciones espirituales sobre la fe y la fidelidad al Dios
único (22,5; 23,4-5, 8-10; 24,14-24), la obediencia a su
ley (1,6-9; 23.6), la solidaridad fraterna (1,10-18), el
valor (1,6-9); etc. Dios promete estar con Josué, como
había estado con Moisés (1,5).
En el cuerpo del libro se
destacan tres conjuntos muy diferentes: - El primero
recibe el nombre de "Ciclo de Gálgala" (3,1 -
10,15).
- El segundo concluye el
relato de las conquistas (10,16 - 12,24).
- El tercero recoge datos
sobre la geografía de las tribus, listas de ciudades y
trazados de frontera (13-21).
EL CICLO DE GUILGAL O
GALGALA.
Debe su nombre a la
mención repetida de un viejo santuario que se encontraba
muy cerca de Jericó, a la entrada de Palestina (4,19;
5,10) Según todos los indicios este libro nos da el
relato de su fundación (5,13-15); después Gálgala
queda como campamento de Israel (9,6; 10,6) Este
santuario conservó toda su importancia hasta los tiempos
de Samuel (1Sam 7,16), para degenerar después lentamente
(Miq 6,5)
EL RELATO DE LAS
CONQUISTAS.
Los relatos de guerra que
vienen a continuación (10,16-21 y 23) tienen otro
estilo. Por un lado, no aparece ya el elemento
maravilloso por otro un cotejo con el libro de los Jueces
permite comprobar que el autor de estos relatos ha
reunido y recogido bajo el nombre de Josué acciones
pertenecientes más bien a las tribus del Sur o del
Norte, actuando ya por su propia cuenta. Compárese
Josué 10, 36-39 con la tradición de un clan de Judá
conservada en Josué 15, 13-19 y en Jueces 1, 10-15.
Compárese también Josué 11, con Jueces 4,2, que
menciona al mismo rey cananeo Yabin.
El hecho de que nuestro
autor haya agrupado estos relatos bajo el mismo libro y
el mismo nombre se debe, sin duda, al deseo de afirmar la
unidad del pueblo y de prolongar la época de las
maravillas con la de una acción humanamente más eficaz.
LA GEOGRAFIA DE LAS
TRIBUS.
Esta unidad queda
finalmente establecida con el reparto del territorio,
confiado a los sacerdotes de Silo (Jos 18,1ss), y con una
conciliación religiosa con las tribus de Transjordania
(Jos 22).
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