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EL AGUA DE LA VIDA. Concédeme la
gracia, tantas veces
pedida, y sáciame del Agua
de la Vida. Que brille la mañana, que nazca una
sonrisa, al dulce son del
Agua de la Vida. ¡Qué triste está
mi alma! ¡Qué sola y qué
perdida, cuando no tiene el
Agua de la Vida! Detén ya tu mirada sobre mi alma
dormida y llénala del Agua
de la Vida. La noche es ya
cerrada, la mesa está
servida, sólo nos falta el
Agua de la Vida. La fuente
traspasada que brota de tu
herida trae sangre con el
Agua de la Vida. Subid a la montaña y acariciad su
cima, de donde sale el
Agua de la Vida. Dejad nacer el
alba, dejad correr la
brisa e id a beber el
Agua de la Vida. Sobre una cruz
clavada, temblando en agonía, la humanidad de
Dios nos justifica. De su costado mana, caliente y
dolorida, como de un
manantial, el Agua viva. Si la suerte está
echada, si ya no hay voz
que grita, dejad que se oiga
el Agua de la Vida. Si la hoguera se
apaga, si abrasa la sequía, dejad que corra el
Agua de la Vida. Me asomo a la
ventana, a ver pasar el día y oigo el rumor del
Agua de la Vida. Como la luz
temprana, que muere y
resucita, así también el
Agua que da vida. Decid a la mañana, gritad al mediodía que Dios se nos ha
dado por bebida. Lo que otros
esperaban es ahora la
noticia: Jesús resucitado
da la vida, Jesús resucitado
da la vida. |