Padre, me dirijo a ti... ¡Qué hermoso es ser hijo
tuyo!... Aquí me tienes, obra en mí, talla y corta, levántame o déjame
completamente solo, jamás te haré la injuria de temer o de creer que me has
olvidado. Señor, Dios, te ofrezco mi vida para que hagas de ella lo que te
plazca, para que realices en ella la vida de Jesucristo.