- La filiación divina es algo intermedio entre la filiación
natural y la filiación adoptiva.
- Dios tiene un sólo Hijo por naturaleza.
- Dios nos hace partícipes de su naturaleza y de su vida
propia.
- Hijos de Dios, qué dignidad!
- ...porque cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre que
está en los cielos - el que se hallare en estado de gracia -, ése es mi hermano, ése es
mi hermana, ése es mi madre.
- Más inclinado hallarás a Dios a compadecerte y a excusarte
que a condenarte sin piedad.
- Pensemos con frecuencia que Dios, nuestro Padre, nos ama.
- Debemos abandonarnos a Dios.
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- Por la gracia santificante, somos hijos de Dios con
Jesucristo; en consecuencia, Cristo es realmente hermano nuestro.
- Debemos tener confianza ilimitada en Cristo, en lo que
respecta a nuestra salvación, a nuestros padecimientos y a nuestros negocios temporales.
- Cristo padeció y murió por conseguir nuestra salvación.
- El cielo no está solo para los que conservaron la
inocencia, sino también para los que la recuperaron tras haberla perdido.
- El dolor expía nuestra faltas personales, aumenta los
méritos para el cielo y nos asemeja a Cristo, con tal que unamos nuestros padecimientos a
los de Cristo.
- " Trabaja como si todo dependiera de ti; al mismo
tiempo ten confianza en Dios como si todo dependiera de El solo".
" Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os
mando... Ya no os llamaré siervo, antes bien os he llamado amigos.
Cristo declaró: No hay mayor prueba de amor que dar su
vida por los amigos. Y por eso murió El por nosotros.
- La unión del agua y el vino en el ofertorio de la Misa
representa la unión del pueblo fiel con Jesucristo su Cabeza.
- La gracia santificante nos incorpora a Cristo.
- Unidos con Cristo por la gracia santificante nos hacemos uno
con El: Un sólo cuerpo místico. La cabeza es Cristo, los miembros somos nosotros;
miembros vivos, si estamos en gracia; miembros muertos si estamos en pecado mortal.
La salvación consiste en estar unidos a Cristo, en entrar
en la unidad de su cuerpo.
Consecuencias de ser miembros de Cristo:
- Estamos en El, vivimos en Cristo. Todo lo que ha realizado
Cristo lo llevamos a cabo con El y en El.
- El está en nosotros. Cristo vive en nosotros. Todo lo que
hacemos lo realiza Cristo con y en nosotros. "No soy yo el que vivo; Cristo es quien
vive en mí" (Gal 2, 20).
- Somos los miembros de Cristo; luego existe la Comunión de
los Santos. Así como todos los miembros de un mismo cuerpo están unidos con su cabeza
única, igualmente lo están los miembros de Cristo: los justos en este mundo, las ánimas
del purgatorio, los bienaventurados del cielo.
- Somos miembros de Cristo no solamente por el alma sino
también por el cuerpo.
- "El corazón de María es tan tierno para con nosotros
que los de todas las madres reunidas no son sino un pedazo de hielo al lado suyo"
- La gracia santificante nos hace hermanos de Cristo; en
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- Somos los miembros de Cristo; luego existe la Comunión de
los Santos. Así como todos los miembros de un mismo cuerpo están unidos con su cabeza
única, igualmente lo están los miembros de Cristo: los justos en este mundo, las ánimas
del purgatorio, los bienaventurados del cielo.
- Somos miembros de Cristo no solamente por el alma sino
también por el cuerpo.
- "El corazón de María es tan tierno para con nosotros
que los de todas las madres reunidas no son sino un pedazo de hielo al lado suyo"
- La gracia santificante nos hace hermanos de Cristo; en
consecuencia, la madre de nuestro hermano es nuestra madre.
- Si María es madre de la Cabeza del Cuerpo Místico de
Cristo, es madre de los miembros, nuestra madre.
- Madre de Cristo lo es según la naturaleza; madre nuestra,
lo es según la gracia.
- María es medianera universal en la obtención y en la
distribución de las gracias divinas.
- Cristo nos rescató del pecado por el consentimiento de
ella.
- La devoción de María es prenda de salvación para los que
están en estado de gracia y para los pecadores de buena voluntad.
- María es consoladora de los afligidos
Debemos amarnos los unos a los otros porque:
- Somos miembros del mismo cuerpo, del cuerpo místico de
Cristo.
- Lo que le hacemos a nuestro prójimo se lo hacemos a Cristo.
- Porque así lo manda expresamente Dios
"Si alguien me ama, mi Padre le amará y vendremos a
él, y estableceremos dentro de él nuestra morada".
El alma en estado de gracia es comparable a un pesebre, a
un copón, a un templo y a un cielo vivo.
La presencia de Dios en nosotros debe originar una
intimidad real. La intimidad consiste en hablarle con familiaridad. Esta intimidad es
fácil, es un deber de cortesía, disminuye las tentaciones y el ascendiente del pecado,
consuela y conduce a la oración.
¿No sabéis que el que sois el templo de Dios y que el
Espíritu Santo habita en vosotros?
Dicha habitación es obra de amor.
- La gracia santificante borra todos los pecados mortales y la
pena eterna.
- La gracia santificante nos hace herederos del cielo.
"No me muero, entro en la vida". Santa Teresa del
niño Jesús.
Cuatro presagios de buena muerte: La oración, la devoción
a María, la devoción al Sagrado Corazón, la comunión frecuente.
Cristo resucitó; en consecuencia, siendo El la cabeza y
nosotros los miembros, si la Cabeza resucitó, también los miembros resucitaremos con
ella.
Así como en Adán mueren todos, así todos serán
vivificados en Cristo.
- Si morimos en estado de gracia iremos al cielo.
- "Si somos hijos de Dios, somos también herederos;
herederos de Dios y coherederos de Cristo.
- El cielo, según San Agustín, es: la exención de todo mal;
la felicidad perfecta; la felicidad eterna.
- "Nada son los sufrimientos de la vida presente
comparados con la gloria que nos espera en el cielo" (2 Cor 4, 17).
- El cielo es la florescencia de la gracia.
- La gloria del cielo no es sino el desarrollo de la gracia
santificante actual.
- Si nos hallamos en estado de gracia poseemos el cielo en la
tierra; porque el cielo es Dios y Dios reside en el alma. tiene que alentarnos el
pensamiento del cielo venidero; pero al mismo tiempo ha de consolarnos el pensamiento del
cielo presente.
Debemos estimarla, conservarla con cuidado, procurar
recobrarla cuando hemos tenido la desgracia de perderla, acrecentarla siempre y
propagarla.
Porque es el tesoro de Dios y del Hombre
Para merecernos el cielo, Cristo derramó hasta la última
gota de su sangre.
La gracia santificante es el único y verdadero tesoro,
valioso entre todos.
"¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo, si llega
a perder su ama?" (Mt 166, 26)
Evitando el pecado mortal
Los medios principales para evitarlo son:
- El recuerdo de la postrimerías
- La huida de las ocasiones de pecado
- La mortificación
- La huida de la ociosidad
- La oración
- La frecuencia de los sacramentos
- La devoción a María
- La lucha contra las tentaciones
Por cualquier pecado mortal
Condiciones para el pecado mortal: Materia grave, plena
conciencia y pleno consentimiento.
- El pecado mortal ofende a Dios Padre. Ultraja su autoridad y
su bondad.
- El pecado mortal ofende a Jesucristo. En el alma del
pecador, el pecado crucifica a Cristo. El pecado inutiliza, para el pecador, la muerte de
Cristo.
- El pecado mortal ofende al Espíritu Santo. El pecador
profana un templo vivo: Su alma.
- El pecado mortal nos hace perder la gracia santificante.
- El pecado mortal mata el alma.
- El pecado mortal afea el alma ante Dios.
- El pecado mortal expulsa a Dios de nuestra alma.
- El pecado mortal nos hace enemigos de Dios y esclavos del
demonio.
- El pecado mortal nos hace dignos de las penas del infierno.
- El pecado mortal causa la pérdida de los méritos
adquiridos.
- El pecado mortal atormenta el alma, la desgarra por el
remordimiento.
Para recobrar la gracia santificante debemos tener
contrición de nuestros pecados. La contrición no es solamente el dolor de haber ofendido
a Dios, es asimismo el firme propósito de no ofender más a Dios en lo venidero.
- Hay que volverse a levantar cuantas veces se recae.
- Para recobrar la gracia santificante debemos confesar
nuestros pecados.
- La confesión ha de ser íntegra.
- La confesión condona los pecados, la pena eterna y parte de
las penas temporales.
- La confesión devuelve la gracia santificante, las virtudes
sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo.
- El sacramento de la penitencia acrecienta la gracia a
cuantos lo reciben en estado de gracia.
- La confesión devuelve los méritos de las buenas obras.
- La confesión procura gracias actuales sacramentales, que
ayudan a expiar los pecados y a no recaer en ellos.
- La confesión regocija el corazón de Dios y de los
ángeles.
- La confesión regocija el corazón del penitente.
La contrición perfecta es un dolor de haber ofendido a
Dios, por ser Dios infinitamente bueno y perfecto en Sí mismo. Dimana del amor perfecto
de Dios. Para ello basta rezar, sobre todo de corazón el acto de contrición.
La contrición perfecta condona, por sí misma, los
pecados, sin la confesión. Es obligatorio confesar todos los pecados mortales ya
remitidos por la contrición perfecta, porque es precepto divino confesar todos los
pecados mortales.
Hay tres clases de obras buenas: la oración, que encierra
las obras de piedad; el ayuno, que cifra todas las obras de mortificación; la limosna,
que representa las obras de caridad.
Cualquier obra buena aumenta la gracia santificante y la gloria eterna; condona las penas
temporales y los pecados veniales; logra favores espirituales y temporales.
El grado de gracia santificante que tuviéramos será la medida de nuestra gloria por la
eternidad.
- La oración es necesaria; es la respiración del alma.
- La oración es omnipotente; la oración bien hecha lo recaba
todo del corazón de Dios.
- Algunos rezan sin conseguir lo que piden porque:
- Rezan mal: sin intención, sin humildad, sin confianza, sin
perseverancia.
- Porque piden cosas inútiles o perjudiciales a la
salvación.
- "La oración es un coloquio del alma con Dios",
dice San Agustín.
- "La oración es una elevación del alma a Dios"
dice San Juan Damasceno.
- La oración tiene por objeto adorar a Dios, darle gracias
por sus beneficios, pedirle perdón por nuestros pecados e implorar sus gracias.
- Hay oración vocal y mental.
- Se debe rezar con atención, con humildad, con confianza y
con perseverancia.
El sacrificio de la misa es el mismo que el de la cruz. Por
ambas partes es el mismo sacerdote y la misma ofrenda; solamente existe diferencia en el
modo de ofrecer el sacrificio.
Se ofrece el sacrificio de la misa para adorar a Dios, para
agradecer a Dios sus beneficios, para satisfacer por nuestros pecados, para pedir las
gracias que necesitamos.
La mejor manera d oír misa es unirse con la intención del
sacerdote y seguir atentamente cuanto se hace en el altar, en especial durante las partes
principales de la misa.
- Nos une a Cristo.
- Nos une unos a otros.
- Aumenta la gracia santificante.
- Condona los pecados veniales y las penas temporales.
- Nos preserva de los pecados mortales.
- Disminuye la concupiscencia y las pasiones.
- Constituye una fuente de consuelo espiritual.
- Dispone nuestro cuerpo para una resurrección gloriosa.
- Para comulgar dignamente se requiere estar en ayunas,
hallarse en estado de gracia y tener intención recta.
- Para comulgar con fervor es preciso prepararse con cuidado y
dar gracias.
Un mercader que, buscando perlas finas, descubre una que
es realmente preciosa, y vase en el acto a vender cuanto tiene por comprarla (Mt 13,
45)
- La gracia santificante constituye una perla que vale la
vida, pasión y muerte de Cristo.
- La gracia es vida; es toda belleza; es nuestra riqueza; es
nuestra honra y nuestra gloria; es nuestra alegría.
- El estado de gracia es nuestra primera devoción